
La capital del país es hogar de taquerías que combinan tradición, innovación y cultura popular. Cada taco refleja historia, barrio y familia, mientras los comensales se reúnen en torno a tortillas calientes y salsas intensas. Visitar una taquería aquí es sumergirse en la vida cotidiana de la capital y en la creatividad de chefs contemporáneos.
El Huequito. Fundada en 1959, es famosa por sus tacos al pastor con trompo y piña. La combinación de carne jugosa y salsas frescas ofrece una experiencia que trasciende generaciones.
Los Cocuyos. Pequeña pero legendaria desde 1935, sus tacos de suadero y longaniza sobre tortillas hechas a mano recuerdan sabores del pasado. Además de tacos de ojo, molleja, lengua y cachete.
El Vilsito. Durante el día, taller mecánico; de noche, taquería. Destacan sus tacos al pastor con salsa de chiles secos y cebolla fresca, combinando lo visual con lo gustativo.
Expendio de Maíz. Sin reservas ni carta, los platillos llegan uno a uno hasta que el comensal dice “basta”. Con maíz criollo y nixtamalización casera, sirve tortillas, taquitos de guisado, huaraches y sopes de huitlacoche.
El Califa de León. Un clásico e imperdible de la ciudad. El favorito de muchos es su taco de gaonera, con un corte de carne del lomo de res y tortillas hechas a mano. Además, el menú incluye tacos de bistec, costilla y chuleta.
Lounge Fernando. Dentro del Hotel San Fernando, ofrece tacos de rib eye y de camarón con guarniciones frescas y texturas crujientes. Cada orden incluye cerveza de cortesía durante celebraciones, sumando un toque festivo a la experiencia.
El Jarocho. Otro de los consentidos de los habitantes de CDMX. Sirve gran variedad en tacos de guisado: moronga, huevo con salchicha, milanesa, carne tártara; el favorito es el campechano.
Visitar estas taquerías es recorrer la Ciudad de México a través de sus sabores más auténticos, donde tradición y creatividad convergen en cada tortilla.
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