Hotel Sevilla, de reciente apertura y propiedad de Grupo Habita, se incorporó a la selección de Llaves MICHELIN, una noticia que es buen pretexto para conocer esta casa que lleva la historia de la ciudad hacia otro lenguaje, entre muros coloniales, concreto, henequén y madera.
La propiedad ocupa una casona construida en el siglo XVI que durante años permaneció prácticamente en ruinas. Grupo Habita la encontró hace siete años y emprendió un proceso de restauración para recuperar su estructura original. El estudio interdisciplinario Zeller & Moye, junto con Salomón Sacal, estuvo a cargo de la arquitectura y los interiores, en una intervención que evita reconstruir el pasado de manera literal.
El primer encuentro con Hotel Sevilla sucede en un vestíbulo de piedra y paredes encaladas. Una ventana deja ver el patio central, donde cuatro almendros acompañan la cantina mexicana al aire libre. Es uno de los lugares donde el hotel empieza a mezclarse con el ritmo de Mérida: la arquitectura conduce hacia los espacios comunes, y estos, a su vez, hacia la ciudad. Una escalera de caracol de concreto lleva al bistró, con espacio para 24 personas.
La chef francesa Marion Chateau está al frente de ambas propuestas gastronómicas y también dirige la cocina de Hotel Humano, otra propiedad de Grupo Habita en Puerto Escondido. Aquí la cocina franco-mexicana cambia según los productos frescos disponibles en el mercado cercano. El desayuno y la cena siguen esa lógica de temporada, mientras el bar recupera cócteles clásicos preparados con destilados mexicanos como mezcal y tequila.
Las 17 habitaciones y cuatro suites son diferentes entre sí en tamaño y configuración, pero comparten una misma paleta. Hay cerámica pulida en tonos negros, maderas locales, piezas de mobiliario de inspiración modernista, iluminación de Luca Salas y textiles de henequén.
En la parte posterior de la propiedad, los antiguos establos para caballos dieron paso a un segundo patio, más reservado, con una piscina de concreto dividida en dos profundidades por un muro de piedra existente.
El mismo lenguaje aparece en el spa, aunque aquí la inspiración viene de las tradiciones ancestrales de bienestar de Yucatán. Hay una sauna maya Tuj y una piscina de agua fría, además de sesiones privadas y comunitarias. Estas últimas también están disponibles para visitantes externos mediante un pase por hora. Para prolongar el ritual, el hotel ofrece un kit con sal marina, barro mineral local, una esponja y una infusión de hierbas.
El menú de tratamientos incluye masaje de tejido profundo, reflexología y masaje craneal, con la posibilidad de recibirlos en la habitación.
La Llave MICHELIN no es únicamente una distinción para añadir al nombre de un hotel. Es también una manera de identificar propiedades donde la arquitectura, el carácter del lugar, el servicio y la experiencia de hospedaje tienen un peso particular.
En el caso de Sevilla, esos elementos están ligados a una decisión fundamental: no separar al hotel de Mérida, sino construir la experiencia a partir de ella. A una cuadra de la Plaza Grande, el viajero puede salir y encontrarse con la Catedral, la Casa de Montejo y los espacios donde regularmente hay música en vivo. Más adelante están el Paseo de Montejo y sus antiguas mansiones, además del Mercado Lucas de Gálvez, donde conviven textiles, artesanías y productos agrícolas.
Después, al regresar, la ciudad queda del otro lado de los muros. El concreto, la piscina, el patio y el spa ofrecen otra escala para continuar el día. Esa convivencia entre patrimonio y diseño contemporáneo es, finalmente, lo que hace interesante a Hotel Sevilla, una antigua casa del centro histórico que no pretende detener el tiempo, sino habitarlo de otra manera.
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