Visitamos Hotel San Cristóbal en noviembre, cuando el clima en Baja California Sur permite estar afuera gran parte del día. El trayecto desde el aeropuerto de Los Cabos toma poco más de una hora; el último tramo, por un camino de tierra, anticipa el carácter del lugar: aislado, contenido y directamente vinculado al paisaje. Frente al Pacífico, entre Punta Lobos y la Sierra de la Laguna, el proyecto se integra al entorno sin competir con él.
La arquitectura, a cargo de Lake Flato, firma estadounidense reconocida por su enfoque en diseño sostenible, privilegia la relación con el exterior. El diseño responde a su entorno y a su escala, con referencias sutiles a la estética setentera de la playa y el desierto. Desde el primer momento, el trato del equipo se siente cercano; al llegar, nos ofrecieron una bebida fresca y un check-in sin formalidades innecesarias.
¿Por qué nos gusta?
El hotel cuenta con 32 habitaciones y suites, organizadas alrededor de la alberca central. En los interiores: textiles de Guatemala, cerámica mexicana pintada a mano y mobiliario diseñado a medida en Guadalajara. Los colchones Coco-Mat refuerzan la sensación de descanso. Algunas habitaciones incluyen regaderas o tinas exteriores, pensadas para aprovechar el clima y la privacidad del lugar.
Las áreas comunes —restaurante, biblioteca y lounges— articulan el corazón del hotel. Son espacios abiertos, con sombra natural y mesas amplias, que funcionan tanto para descansar como para trabajar con calma. Para reuniones o eventos, el hotel ofrece espacios bien definidos, sin perder la sensación de retiro.
En el restaurante Benno, cuya cocina está liderada por el chef ejecutivo Edgar Palau, la propuesta parte de ingredientes de la región y una ejecución directa. Durante nuestra visita, comimos pescado del día a la parrilla, servido con una salsa ligera de hierbas y semillas, acompañado de vegetales frescos. También pedimos el pulpo a la brasa, bien marcado y sin excesos. Para beber, vino blanco y un negroni al atardecer. El desayuno choyero, compuesto por burritos de machaca con tortilla de harina hecha a mano, aguacate, queso de rancho y frijoles. El hotel también ofrece clases de cocina, enfocadas en técnicas básicas de sashimi y ceviche.
La Playita Beach Club funciona como una extensión hacia el mar. Por la tarde, durante la happy hour, se vuelve uno de los mejores puntos del hotel: cocteles clásicos, botanas al centro. De la carta, vale la pena pedir el ceviche del día, las tostadas de pescado crudo con cítricos y la ensalada verde con aguacate, jitomate y nueces. Puede reservarse tanto para huéspedes como para visitantes externos.
Además, Hotel San Cristóbal propone experiencias vinculadas con la comunidad y el entorno natural, como clases de surf con locales y caminatas guiadas. Para estancias largas o viajes de trabajo, el hotel ofrece un contexto adecuado para concentrarse sin sentirse aislado.
Reconocido con una MICHELIN Key, Hotel San Cristóbal es una de las propuestas más consistentes de Todos Santos. Más que un hotel, es un espacio pensado para quedarse no un fin de semana, sino unas vacaciones completas.
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