
Nusr-Et, la marca fundada por el empresario turco Nusret Gökçe, ha hecho de los cortes de carne su sello distintivo, pero también de la puesta en escena, el servicio y una personalidad inconfundible como parte de su atractivo. Su llegada a Ciudad de México, en colaboración con The St. Regis Mexico City, marca su entrada a Latinoamérica y suma una nueva dirección al mapa gastronómico de la capital. La propuesta reúne algunos de los platillos más reconocidos de la firma. Para descubrir qué hay detrás de su fama, estas son cuatro cosas que vale la pena saber antes de visitarlo.
1. De una carnicería en Turquía a las mesas del mundo. Antes de que su nombre diera la vuelta al mundo, Nusret Gökçe aprendió el oficio desde sus bases. Nacido en Erzurum y criado en Estambul, comenzó su trayectoria como aprendiz de carnicero, una experiencia que le permitió conocer de cerca la selección, el corte y la preparación de la carne. En 2010 abrió su primer restaurante, Nusr-Et en Estambul. La fórmula combinó ese conocimiento del producto con un concepto de hospitalidad muy particular, en el que la preparación de los alimentos y la interacción con los comensales forman parte de la experiencia.
Con el tiempo, la marca amplió su presencia a distintos mercados de Europa, Medio Oriente y Estados Unidos, hasta convertirse en una firma reconocida internacionalmente. Su crecimiento también demuestra cómo un oficio tradicional puede transformarse en una propuesta gastronómica con una identidad propia.
La razón para conocerlo: descubrir una historia que comienza con el dominio de la carne y evoluciona hacia un concepto donde la cocina, el servicio y la personalidad del fundador tienen el mismo protagonismo.
2. Ciudad de México, su primera parada en Latinoamérica. La capital mexicana se suma a la ruta internacional de Nusr-Et como su primera sede en Latinoamérica. La apertura acerca al público local una propuesta que muchos viajeros ya conocían de otras ciudades y la incorpora a una escena gastronómica acostumbrada a recibir conceptos de distintas partes del mundo.
Su colaboración con The St. Regis Mexico City también sitúa al restaurante dentro de un entorno de hospitalidad de lujo, donde la atención personalizada y el cuidado de los detalles son parte fundamental de la experiencia.
En una ciudad donde conviven cocinas tradicionales, restaurantes de autor y propuestas internacionales, Nusr-Et llega con una personalidad reconocible y una apuesta clara: convertir una comida en una ocasión especial.
La razón para conocerlo: sumar una nueva dirección a la agenda gastronómica de la ciudad y descubrir cómo se adapta al público mexicano una marca que ha desarrollado su propio lenguaje alrededor de la mesa.
3. Los cortes que explican su reputación. La carne es el corazón de la propuesta y el punto de partida para entender el menú. Entre las especialidades de la casa destaca el Nusr-Et Special, un filete marinado en mantequilla cuya preparación frente al comensal añade un componente escénico a la experiencia.
También figuran el Lokum, un corte de lomo conocido por su textura tierna, y el Tomahawk Saltbae, que lleva a la mesa uno de los cortes más reconocibles de la marca. En ambos casos, la presentación y el servicio tienen un papel importante: aquí, el momento de servir es parte de lo que sucede alrededor del plato.
La propuesta invita a prestar atención tanto al producto como a la manera en que llega a la mesa. Para quienes disfrutan explorar diferentes cortes, texturas y preparaciones, es una oportunidad de acercarse a una casa que ha hecho de la carne su especialidad.
La razón para conocerlo: probar algunos de los platillos emblemáticos de la firma y descubrir cómo la técnica, la presentación y el servicio construyen una experiencia que va más allá del menú.
4. Un final dulce con acento turco. Después de los cortes, vale la pena reservar espacio para el postre. Uno de los protagonistas es el Baklava Dorado con helado Maraş, una propuesta que reúne dos elementos de la tradición dulce turca con una presentación característica de la casa.
El baklava se elabora tradicionalmente con finas capas de masa y frutos secos, mientras que el helado Maraş destaca por su consistencia densa y elástica. La combinación ofrece un cierre que conecta el concepto internacional del restaurante con sabores de su origen.
La experiencia se complementa con una selección de vinos que incluye productores mexicanos e internacionales, además de una carta de coctelería de inspiración neoclásica. Así, la visita puede extenderse más allá de la comida y encontrar su propio ritmo entre bebidas, sobremesa y conversación.
La razón para conocerlo: explorar un postre vinculado con la tradición turca y descubrir una faceta distinta del menú, más allá de los cortes que han dado fama a la marca.
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