La Ciudad de México se puede recorrer también desde la mesa. Para empezar el día, Marne propone desayunos alrededor del café de especialidad y el pan recién horneado; a la hora de comer, Jowong lleva la cocina coreana hacia un territorio donde también aparecen ingredientes y técnicas mexicanas; y, cuando cae la tarde, OLY mira hacia el Mediterráneo desde la Condesa. Tres restaurantes, tres momentos y tres maneras distintas de saborear la ciudad a través de su cocina. Aquí te los presentamos:
Desayunar en Marne
Ubicado en la colonia Roma Norte, Marne invita a empezar el día alrededor de una buena mesa. A un año de su apertura, el café pone especial atención en los desayunos, donde el café de especialidad y el pan recién horneado acompañan una cocina que equilibra técnica y sencillez.
El menú reúne huevos revueltos con ikura shoyu-zuke, crème fraîche y croissant; crab cake con pan de masa madre; tosta de aguacate con queso de cabra y jitomate rostizado, además de chilaquiles, pan francés y focaccias hechas con el pan de la casa. Entre luz natural y un ambiente relajado, la mañana se alarga sin demasiadas razones para mirar el reloj: aquí, desayunar también es una forma de hacer una pausa.
Comer en Jowong
Si quieres recorrer Corea desde un estilo muy mexicano, entonces debes reservar una mesa en Jowong. Y es que este bistró contemporáneo, reconocido por segundo año consecutivo con un Bib Gourmand de Michelin, combina técnicas coreanas con ingredientes locales y de temporada.
La cocina de Greg Wong y Allen Noveck lleva platos tradicionales hacia nuevos territorios: hay tteok-bokki verde con pesto y verduras, kimchi carbonara, naengmyeon con vieiras y ejotes tatemados con romesco de gochujang. La idea es compartir al centro. A la propuesta se suman los postres de Marifer Millán y una carta de coctelería creada por Jun Kwon.
El resultado es una cocina que encuentra puntos de encuentro entre dos culturas sin dejar de hablar su propio idioma.
Y cenar en OLY
En la Condesa, este restaurante construye un puente entre la ciudad y el mar. La cocina nace de los viajes de una chef originaria de Dorset, Reino Unido, y su pareja, quienes pasan varios meses al año a bordo de un velero, recorriendo destinos, mercados y cocinas locales. Desde ahí surgen ideas que después llegan a Ciudad de México para convertirse en platos frescos, sencillos y pensados para compartir.
El menú cambia con el movimiento y encuentra inspiración en el Mediterráneo sin seguir una tradición específica. Los imperdibles son el capellini al limón amarillo y la sopa fría de ajo blanco con uvas.
El espacio es relajado y sofisticado; además, está adornado con una colección de arte y hecho para alargar las comidas, abrir una botella de vino y dejar que la conversación siga su curso.
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