Confieso que llegué a Jalisco pensando en agaves azules y copas de tequila. Me fui, días después, brindando con vino al atardecer frente al lago de Chapala y entre los cerros verdes de Los Altos. Este estado, emblema de la identidad mexicana, está escribiendo una nueva historia en torno al enoturismo.
En los últimos años, regiones como la Ribera de Chapala y Los Altos de Jalisco han ganado reconocimiento por sus viñedos boutique y experiencias cuidadosamente diseñadas para viajeros que buscan algo más que una cata; buscan conexión con el paisaje, el origen y la gente.
Mi recorrido comenzó en La Finca La Estramancia, un viñedo íntimo a las faldas del Cerro de la Mujer Dormida. Desde ahí, el lago de Chapala —el más grande de México— se despliega como un espejo infinito. La experiencia es personalizada: caminatas entre vides de Malbec, Tempranillo y Syrah, catas guiadas y vinos rosados, tintos y espumosos que se disfrutan sin prisas, con el paisaje como protagonista.
Muy cerca, en San Luis Soyotlán, El Tejón propone una inmersión total en la vida del viñedo. Aquí no solo se aprende sobre la elaboración del vino; se vive. Entre más de 20 mil plantas y una amplia diversidad de uvas —desde Sauvignon Blanc y Viura hasta Garnacha Tinta y Malbec—, los recorridos guiados y los eventos privados convierten la visita en una experiencia a medida.
En Tuxcueca descubrí Cava Post Data, un proyecto artesanal de producción limitada que aprovecha su suelo volcánico para lograr algo poco común: dos cosechas al año. Las catas, siempre con cita previa, revelan vinos blancos, rosados y tintos con carácter propio, nacidos de variedades como Shiraz, Tempranillo y Garnacha, en un entorno que se siente casi secreto.
El viaje continuó hacia Los Altos de Jalisco, tierra de mariachi y charrería, donde el paisaje cambia y se vuelve más amplio, más dorado. En la Hacienda San José de Tepozán, en Encarnación de Díaz, Los Altos Norte Vinícola sorprende con vinos naturales y espumosos de nivel internacional. No es casualidad que uno de ellos haya sido galardonado con medalla de oro en el Concurso Mundial de Bruselas 2022. Las catas y recorridos por la finca confirman que aquí la tradición y la innovación conviven con elegancia.
En el Pueblo Mágico de Lagos de Moreno, el histórico rancho Jaramillo de Abajo alberga Tierra de Luz Hacienda Vinícola, un espacio que invita a quedarse. Vinos, gastronomía, sesiones fotográficas y visitas guiadas crean el ambiente perfecto para una escapada relajada.
Finalmente, en Jalostotitlán, Viñedo Cerca Blanca ofrece una de las experiencias más festivas del calendario: su vendimia anual, entre julio y agosto. Participar en la cosecha, degustar vino de la casa, disfrutar de un platillo local y música en vivo es entender el vino como celebración. El resto del año, sus visitas guiadas y su versatilidad como sede de eventos lo convierten en un imperdible.
Viajar por los viñedos de Jalisco es descubrir otra cara de México. Una más serena, más íntima. Entre lagos, suelos volcánicos y cerros verdes, el vino se convierte en pretexto para explorar, saborear y brindar. Para el viajero extranjero que busca experiencias únicas y auténticas, Jalisco está listo para servirse en copa alta.
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